27.2.08

Que tal un cuento cortísimo?

1612


La luz del elevador llevaba parpadeando ya un par de semanas, lo cual era más molestoso que si estuviera completamente quemada. Como todos los días, José llegaba demasiado tarde como para reclamar que se instale un foco nuevo; en todo caso, desconocía a quien podría llevar tal reclamo. Lentamente ascendía hasta el piso 16, intermitentemente bañado en la luz zumbante que daba a su piel un tono verde pálido y soportando crujidos y ruidos metálicos que indicaban que los demás componentes de la maquinaria carecían de mantenimiento. Arrimado en la pared del elevador, José prefería dar la espalda al zig-zageo escalador de lucecitas numeradas; simplemente sostenía una vacua mirada hacia el vago reflejo suyo en el metal pulido en su frente hasta llegar a su piso.

Un sonoro remezón siempre le indicaba que había llegado. Al deslizarse abiertas las puertas, el largo pasillo bordeado por puertas idénticas y equidistantes se revelaba a las espaldas de José. Una música, que no era música, corría por todo el edificio; de ligero caudal, estos tonos, sintéticos y apaciguados, acompañaban a José todas las noches hasta el 1612, el apartamento donde vivía. Podría haber sido que no era siempre la misma amanerada melodía, pero eran sonidos tan inanes que era imposible distinguir si había diferencia alguna día a día. Se suponía que proveían de ambiente y clase al conjunto. Con la cabeza gacha José recorría la misma alfombra mugrienta, cuyas manchas (salvo adiciones) ya las tenía memorizadas, cuando la presencia de un hombre desconocido al final de su caminar le sorprendió.

“¿Es esta su residencia?”
“Sí.”
“Un mensaje.”

Después de entregarle un sobre, el hombre no dijo más y dio vuelta. La rutina gris de José se había roto con este intercambio. Perplejo, miró al hombre que se alejaba y se desvanecía en el pasillo. Después de retomar su concentración, sacó la la llave de su bolsillo e ingresó a su apartamento vacío. Tras el portazo, José se encontraba sumido en el silencio nocturno y la soledad de la soltería. Se fijó en el sobre en su mano, el cual únicamente portaba el número 1612. Al abrir este, encontró un papel que leía:

“Se le informa mediante la presente comunicación que se le ha asignado una nueva residencia. Para comenzar el proceso de su reubicación, sírvase en contactar al Sistema Unificado de Planeamiento Urbano de la Administración Central llamando al número al reverso de esta hoja.

Su número de identificación es: 4283259648


Con esté podrá recibir la dirección su nueva residencia. Permítase en llamarnos lo antes posible, puesto que se ha programado que el equipo de saneamiento confirme el desalojamiento en los próximos días. Atendemos las 24 horas.


La Administración agradece su cooperación en su proyecto de hogar para todos.”


José abrió la puerta y miro hacia el pasillo por si podía avistar al hombre del mensaje, pero no había más que el pasillo desierto y puertas cerradas. Preocupado por el aviso en sus manos, José volvió a su pequeña sala y tomó el teléfono para marcar el número indicado. Sin timbrar una sola vez, una voz femenina grabada comenzó a emanar del auricular.

“Bienvenido al Sistema Unificado de Servicios Sociales. Modernizamos nuestra atención para servirle mejor. No cuelgue por favor, las llamadas serán atendidas en el orden que ingresaron.”

Una música muy similar a la de su edificio, proveniente de un sintetizador y la falta de imaginación, entonces comenzó a acompañar a José en su espera. Al pasar unos minutos, esta se cortó con algunos pequeños sonidos de interferencia, los que parecían anunciar que algo sucedería.

“Lo sentimos, debido al volumen de llamadas nuestros sistemas se encuentran completamente ocupados. Por favor manténgase en la linea y será atendido próximamente.”

Otra vez, la voz femenina y tan profesional dio paso a la misma música de espera. Para entonces, José ya se había puesto cómodo en su viejo sillón. Ojalá, pensaba él, esto no demore mucho, pues su estómago comenzaba a retorcerse y a opinar.

Después de algo más de una hora de escuchar la misma música periódicamente entrelazada con la misma grabación lamentándose por la incapacidad del sistema, José pensó que no pasaría nada si desatendía el teléfono para prepararse algo de comer. Entonces, fue hacia su pequeña cocina y buscó en los contenidos de su refrigerador algo que le apeteciera. No es que tenía mucho de que escoger, pues al vivir solo descuidaba mucho su dieta. Tampoco era que disfrutase mucho de la comida, solo comía por comer, lo cual era conveniente porque el cupón semanal que recibía no alcanzaba para ser intercambiado por nada que excite al sentido del gusto.

Mientras preparaba su comida, José volvía al teléfono cada cierto tiempo por si había algún cambio, pero nunca lo hubo. Ya con un plato lleno en sus manos, se acomodó otra vez en su sillón para pegar su oreja a los molestosos tonos que no cesaban para nada más que la misma disculpa pre-grabada.

Pasaban las horas y se extendía la espera de José. Sin embargo, José no se impacientaba; los años de trabajar aprobando o rechazando aplicaciones de crédito para la Administración Central lo habían condicionado a aguantar el tedio. Pasaba su día de trabajo entero estampando formularios de aplicación de crédito con un sello de ‘APROBADO’ o ‘DENEGADO’, lo cual dependía de que si después de insertar la aplicación en el lector óptico el número que aparecía en el monitor al frente suyo era mayor a 1,600 o no. Era fácil imaginar como automatizar completamente la tarea de José, pero entonces no existiría esa plaza de trabajo. La mayoría de veces la negación de crédito se debía únicamente a errores diminutos, nada más de naturaleza burocrática, lo cual José notaba muchas veces, pero tanto las regulaciones internas de la Administración como su apatía lo impedían de interceder. En todo caso, las aplicaciones que José procesaba databan a tres años atrás, razón por lo cual carecían de cualquier sentido de urgencia. Eran papeles, en su plenitud numérica llevada al hastío, vacíos e insignificantes, sin cara ni carácter.

Las horas de la noche pasaron y se hicieron las horas del día mientras José mantenía su cabeza pegada al teléfono en espera de una respuesta. En algún momento de la mañana volvió a comer, y lo hizo otra vez más tarde, por costumbre y sin percatarse que ya no quedaba mucho en su refrigerador. No tenía más que hacer que aguardar hasta que alguien le informase de donde sería que viviría. Casi muda, la mente de José pausaba su silencio para preguntarse si la residencia en la que viviría tendría la misma aséptica blancura de la que al momento ocupaba. Miraba a la pared, y mientras tanto proseguía la música, que no era música, y la inerte promesa de que si era paciente sería atendido. José esperó, y esperó aún más para seguir esperando su turno.

Pasaron semanas y después meses hasta que una mañana la puerta del 1612 fue abierta por un equipo de tres hombres vestidos de uniformes blancos y portando instrumentos para saneamiento. Estos traían una larga lista de números, página tras página de ellos, de los cuales algunos ya habían sido tachados. Sobre el solitario sillón en la diminuta sala encontraron a la cáscara de un hombre, ya hace mucho tiempo fría, y platos vacíos regados a su alrededor. Entre lo que quedaba de la cabeza y el hombro de este yacía el teléfono intacto y todavía sonoro. Una voz casi inaudible dictaba un listado al sordo oído de lo que alguna vez había sido José; opción tras opción, miles de instrucciones para marcar combinaciones de números para acceder a subsiguientes listados. Los hombres colgaron el teléfono, y prosiguieron con el saneamiento de la habitación.

15.2.08

this goes out to a special someone, you know who you are


Ravished
Ravished

In the wake of the storm,
Past the winds that blew off
What the waters didn’t flood
And a Deus deemed be swept,
The steeple and façade
Of a seaside temple
Still stood, barely erect,
Amid crumbling remains
Crawling a hapless town.
Now towering over
A nave sought for refuge
By pilgrims dead and mashed
Beneath rock that once was,
A whisper of Zephyr,
Although beckoning love
As softly as a sigh,
Would finally collapse
The tottering structure.
The inevitable,
The downfall, the final
Relics of the sacred
Face of former glory.
Too weak a foundation?
Perhaps the illusion
Of strength through devotion
Sustained itself no more.
As water that poisons,
As suffocating air,
An altar that crushes
Out of a hopeful fool’s
Lungs a last living breath.
The golden sun forebodes
Unanswered beseeching,
The forces of nature
Recklessly moving on.


12.2.08

Originally titled "Hobo"

Desperation


Muck, filth and putrefaction,
All line the high walls of the alley,
Where I despair for my inaction.
My wallowing spirit I rally,
For what? I ask,
A nickel? A sigh? A reaction?

Drowned in derision, my heart,
Skips a beat. But what to beat for?
Who will miss a damned derelict? Apart,
From the taint on the wall, but no more.
Only rats draw heat,
From this amoeba and his shopping cart.

Through the windows glossy eyes gaze,
At the inhuman reduction of a man,
Ne’er imagined “‘this is how I would fare”.
Softly they turn away, from their sight ban,
This tick, this unfortunate tale,
For whom, in keeping sterility, why care?

10.2.08

I find it odd that I keep tagging these with words no one will care to look for

Blanket

In kamikaze comfort
A plastic cradle rocks,
To the beat of beeping clocks,
To the lull of a light-bulb's hum.
All children drenched in rum
Drunken and complacent,
Fake and insecure.

In kamikaze comfort,
Sleep again to rise,
Toil for toys new and nice.
But keep it simple, two should do,
One good one evil makes a world-view.
As long as the plastic spirits,
Keep filling up the room.

In kamikaze comfort,
Laboriously depressed,
Mostly with more obsessed,
From plastic passions pilfering a soul.
Pre-packaged opinions, mind on parole,
Don’t really like to shiver, but I,
Fear the fear, so pose a pose.

In kamikaze comfort,
Hear a deafening pop.
A house of cards, a king atop,
Fleeing wind blows the foundations from under.
The bubble bursts, vacuum fills a blunder.
If only I’d ‘a built,
This damn thing out of plastic!

8.2.08

Wave

Will the wave sing
Its sinusoidal song,
Without the sand
asking to be freshened,
to sing along?

In Apollonian waves,
Life bathes and sways.
The wistful moon flickers,
Wills whistling winds
To soaring wings reaching,
Perennial days.

No time, but a moment,
To soak the air,
Perfuse it with sea-worthy
Salt and foam, then
Return. Demeter calls,
Poseidon yearns
Lovingly debonaire.

Luscious kisses
At the goddess’s feet,
Inspire the shore,
To bare no fruit, naked,
Let itself be.
Longing melodies blue,
The shore awaits
Break and retreat.

Pause and leave, then forlorn,
The sand sings,
Again forevermore,
Under the sun,
For another siren
The sea to bring.


K

At night, when the winds hum low
And the chirps and croaks become
A mantle of words and whispers,
I remember the ghosts
Of poets past, of longings old;
Tonight, dare I be so bold,
As to praise the moon,
As to sing a song?

Heroes in torment in search of a sign,
Immortal in hymn and elegiac cries,
Play humanly fortunes Homer foretold;
Sunk in the heavens the triremes of yore,
Beacons of beauty forever looked on
By seekers of meaning, passion and soul.
Galloping visions, primeval first notes,
For you, what to do but sculpt marble lyres,
And play evergreen anthems writ by fawns,
Sweeping chords, flames of love, lust and desire?

Ah! To anoint with ambrosia
These words, fledging arrows
From a spirited quiver borrowed,
Caressing the breeze,
On its murmurs riding,
Shot to pierce fleeting wings;
An archer trembling with fervor,
Waiting for the birds of ardor
To fall from ethereal heights.
To aim upon the sky
With tears of emotion
Moonlit and reflecting,
Only a vague notion
Of the proper tension,
Right intension, nether winds;
Time to release the feather.

The words to make a symphony,
A tune which memory ne’er lost;
A marksman of melody,
Forever a teacher of song
In the hybrid art of letters and notes.
To paint thus so very exquisitely
Dramatic travails of antiquity
As to have a name not chiseled in stone,
But one that was writ in water.

5.2.08

Reality Check

Wandering...but many who have wondered
about meandering through virgin fields,
brushing past dew laden blades
of tall, tall grass. The night glistening in each
drop.

So long sweet vision, sweet, sweet sedition
Against the modern affection of clockwork lives;
A wintry morning, red-cheeked and warmly coated,
I breathe the white exhaust from the car – hanging
Ghost of modernity in the crisp air,
Sweet clouds of refined glory.

Progress

It has long been known by the poets of old
Cogs keep turning by the turning of more
But some are shaped a lil’ strange,
Some would just like to roll freely
Down sun-baked slopes far
From the machine. And
Some would rather
not turn at all.

There
Are those
Whose spirit,
Not of cog, no,
Rather circular,
All they want is
As much as to
Turn so that it
all just keeps
on turning
on and
on.

Then,
Rotating, as always, some
are beholden to visions
of greater machinations
to engage in the creation
of far more beautiful things.
But in the cog-like mentality
Surrounding the cog kings,
Can a cog possibly ever
Dream of becoming a sphere?

Surely hysterical to hold
such spherical notions,
But in the incessant turning,
and faceless embraces,
There lies art in becoming
A more mused wheel of the graces.

2.2.08




Glowing Decay

Soft burning ember, don’t gray and whiten.
Blush if you must, but last to quell my lust
For visions emerging naked behind
Silk drapery of chaos, charcoal and dust.

Reddened thinker of wandering musings,
What do you tell in your sinuous tracings?
A dance, an impenetrable tango,
Or do you write in silver and ivory
The ether, in a twirling tongue your own?
Do you whisper history repeating its twirls?
Do you paint without foreseeing,
Never knowing the next turn?
Tell of madness, mental swirls,
or do you summon divining spirits,
for the soul to inhale?

A puff and a lie,
A lie and a puff.
The gray ghost of inspiration pervades
The caverns of living, whimpers and sighs.
A graying redhead ages,
A billowing illusion emerges;
Its thinning threads glisten, then fade,
Leaving behind a memory and a scent,
A presence extinguished and spent.
So arresting a pleasure
The ephemeral inebriation,
Shamanic rite;
Are these godly peaks?
Or a fleeting dream
Dissolving away,
An ashen stain
of formless soot
and fetid dust?