La última en irse
Sola,
como tan solo ella
sabe tan sola yacer,
sin acompañamiento
más que el de luciérnagas,
la lánguida luna,
y el latente vapor
de licores de ámbar,
posada en su silla
reposa sus cuerdas
saciadas de sonar
su antigua serenata.
No han partido
quienes entonaron
trances melódicos,
sonámbulos coros
que saben pernoctar
el claro y la ausencia
de luna en añejos
espíritus que quiebran
su sosiego para
verterse salpicantes
al fluvial adagio
del cantar a la vida.
Querer que resuene
eterno el encanto
risueño de quienes
esta noche bohemia
a mi guitarra vieja
la hicieron cantar;
La fiesta ha terminado,
¡No partan, no se vayan!
Sus antiguos pasillos
cual cañón me estremecen;
cantenlos más, otra vez
más, asi indelebles
en mi memoria
para siempre puedan
perdurar.
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